TASAUTE

La Federación eligió el nombre de Tasaute, para así coadyugar a rescatar el originario nombre de la Villa, ya que, según Pedro Socorro Cronista Oficial :" inicialmente el vocablo usado por los aborígenes no era Sataute, sino Tasaute, a la manera indígena de muchísimos nombres de raigambre bereber (Taidía, Tagoror, Taufía, Taliarte, etc.). Tasaute significa “frontera" aunque la tradición habla de "barranco de palmeras”, es decir, hace referencia a la peculiar geografía isleña y a las numerosas palmeras con las que se cruzaron cada día los ojos indígenas, bautizando a este pueblo de ese modo, tal como queda documentado en las crónicas primitivas"

domingo, 25 de enero de 2015

María Guerra Alonso, la Ultima Alfarera de Santa Brigida

Publicado en el blogs de la Asociación Sociocultural Aran Canarias

domingo, 25 de enero de 2015

Homenaje a Maria Guerra Alonso, la ultima Alfarera de Santa Brígida y la más antigua de Canarias

"Toda mi gente era alfarera, toda: primas, tías, retías, bisabuelas, las abuelas de mis abuelas; la raza mía viene toda de alfareras, de la artesanía.De toda la vida.Bueno antes eran loceras, y hoy como es la moda alfarero"


Era la alfarera más antigua de Canarias, la última de una larga saga del barro en La Atalaya. Según su bisabuela, eran más de 20 generaciones dedicadas a esta artesanía. Decía que la loza era fundamental porque servía para comer.
María Guerra Alonso, que en mayo habría cumplido 90 años, falleció el viernes 23 de Enero en el Hospital Negrín. Nacida y criada en el barrio de La Atalaya de Santa Brígida. El 15 de marzo de 2012 recogió el Roque Nublo de Plata que otorga el Cabildo de Gran Canaria, en reconocimiento de su larga y fructífera trayectoria como artesana del barro.


 Homenaje de Aran Canarias en el Real Casino de la Vílla de Santa Brígida el 20/ 11/ 2008

A sus 83 años,
un homenaje le harán,
con cariño,sus hijos, nietos y bisnieto,
junto a ella estarán,
para demostrarle el cariño
que a nosotros nos supo dar.

Siendo niña tuvo que trabajar
nunca supo lo que es jugar,
de La Atalaya a la playa
a su cuesta llevaba
platos, cuencos,y tallas,
todas hechas a mano,por sus padres y hermanos.

 La vida muchos palos,
le ha dado
que ella supo superar
con cariño y esfuerzo
a sus hijos puso a andar.
A ti te quiere todo el mundo ricos y pobres
porque tu vales mas que el oro, la plata y el cobre.

En este día tan especial
muchas cosas queremos decirte
pero del corazón nos sale
que eres la mejor que existe.


A María Guerra con cariño de su familia.







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La Loceras del  Pago de La Atalaya, mujeres que dieron vida a una cerámica con señas de identidad propia en un hábitat, constituido por casas cuevas, supone la pérdida de los últimos componentes personales de un patrimonio cultural diferenciado, de gran valor cultural, en la isla. La “talayera” se convirtió no sólo en la artífice de la preservación del oficio del barro, sino de la creación de una sociedad peculiar que tanto interés suscitó a partir de principios del siglo XIX, convirtiéndole a lo largo del mismo siglo en uno de los lugares de visita obligada para los viajeros y exploradores que llegaban a la isla de Gran Canaria. 

La producción abarcaba una amplia gama de piezas, como bernegales, jarras de gofio, tinajas para frutos secos, tostadores para el grano, gánigos, lebrillos, sahumadores, braceros, fogueros, hornillas, etc, cuya producción comenzó a disminuir paulatinamente a medida que se generalizaron, entre la población campesina grancanaria, los calderos de metal a partir de los años veinte, el butano a partir de los años cincuenta y los recipientes de plástico en los setenta.


La cerámica estaba muy mal pagada y ésta fue la razón por la que las alfareras de la postguerra, en una época de penuria generalizada, preferían el trueque, cambiando la loza por víveres, frutas y hortalizas de temporada: papas, millo, castañas o cualquier otro producto de la tierra. Era el tiempo del hambre y de la miseria”.El lugar principal de venta era el Mercado de Las Palmas y la Plaza del Puerto. “Nosotros nos poníamos a vender en el Puente Palo. Había una casa de madera y entre ésta y la boca del barranco era nuestro sitio”. La calle que baja hoy delante de la Plaza del Mercado, la llamaban el “tinglao” porque allí se repartía toda la mercancía en carros para el Puerto. “Como ir en el tranvía nos costaba un real, íbamos y veníamos andando para luego subir a La Atalaya, de nuevo”. Otros lugares de venta eran Telde, Ingenio y Agüimes, y las medianías y zonas montañosas del centro. María, nos recordó una de sus experiencias en la venta en sur de la isla: “mi padre me llevó a Sardina del Sur una vez. Era muy pequeña y por eso llevé un bernegal de esos chicos, porque no podía con más peso. Caminando ladera abajo y descalcita, junto a mi hermano, que era más chico, nos cogió un tiempo de agua que tuvimos que coger por un barranquillo hasta llegar a la carretera principal. No vendimos na y no pudimos comer, hasta que una señora nos encontró y con la pena que le dio, nos compró un bernegal. Menos mal que pasó un camión de los que llevaban tomates y nos trajo hasta Telde. Ya después vinimos caminando hasta La Atalaya, llegando con la amanecida”.

María del Pino Socorro. En “Hecho con barro”, revista nº 26 del Pajar de la asociación Cultural Pinorele.



















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La artesanía de Gran Canaria está de luto por el fallecimiento de nuestra más antigua alfarera, María Guerra

MARIA
La artesanía de Gran Canaria pierde uno de los valores más importantes en nuestra alfarería. María Guerra ha fallecido hoy. Desde el Cabildo de Gran Canaria, a través de la FEDAC, queremos expresar nuestras condolencias por la pérdida de María Guerra Alonso. Nuestro presidente, Juan Domínguez, y todos los que formamos parte de esta Fundación, queremos rendir un homenaje fúnebre a una de nuestras alfareras más destacadas. María Guerra nació en el año 1926 en la villa de Santa Brígida. Artesana alfarera más antigua de nuestra isla, trabajó el barro desde La Atalaya, lugar fundamental para entender este oficio artesano en Canarias. Su enseñanza, cercanía y arte siempre quedará entre nosotros.

http://fedac.org/fundacion/noticias/832-mariaguerra
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Hasta luego María


María Guerra Alonso, la ultima alfarera, nos deja físicamente pero sus vivencias, batallar, anécdotas y su legado seguirán presentes. Fue quien me enseño a trabajar el barro, a moldearlo, a guisarlo. Con ella compartí la sencillez y la dureza de la vida. las alegrías, las anécdotas se me amontonan de las diversas ferias en las que juntos participábamos en Gran Canaria, Lanzarote, Tenerife y Fuerteventura. 

Hasta luego María
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Fallece la alfarera de La Atalaya

María Guerra Alonso, que en mayo habría cumplido 90 años, falleció este viernes en el Hospital Negrín

24.01.2015 | 10:41
María Guerra Alonso en su taller.
María Guerra Alonso en su taller. 

María Guerra Alonso, que en mayo habría cumplido 90 años, falleció ayer en el Hospital Negrín. Era la alfarera más antigua de Canarias, nacida y criada en el barrio de La Atalaya de Santa Brígida. El 15 de marzo de 2012 recogió el Roque Nublo de Plata que otorga el Cabildo de Gran Canaria, en reconocimiento de su larga y fructífera trayectoria como artesana del barro.

El galardón fue propuesto por la consejera Inés Jiménez, de Nueva Canarias, y aceptado por la corporación insular en reconocimiento a la labor de la última alfarera de Gran Canaria por mantener viva una tradición tan ancestral.
Nicolás Díaz Benítez, de Aran Canarias, recordaba ayer cómo María Guerra, ya enferma de Alzheimer, "se levantó de la cama para acudir a la última guisada del barro que se celebró en las fiestas del barrio de La Atalaya, cuando estaba a punto de cumplir los 90 años".Aran Canarias propuso el nombramiento de María Guerra como hija predilecta de Santa Brígida, "pero desgraciadamente no se llegó a tiempo. A pesar de la enfermedad que la atacó en los últimos años, tenía momentos de gran lucidez", añadió Díaz Benítez.


http://www.laprovincia.es/gran-canaria/2015/01/24/fallece-alfarera-atalaya/668908.html

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A la memoria de Dña. María Guerra Alonso, una gran mujer locera que pasa a formar parte de la historia de La Atalaya.
Desde el Centro Locero lamentamos su pérdida y damos nuestro más sentido pésame a toda su familia.
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MARIA FUE TODO UN EJEMPLO DE  MUJER TRABAJADORA
Nunca me ha gustado hacer necrológicas, ya que me gusta hablar de las personas en vida, cuando pueden rebatirme lo que digo de ellos, pero es que además en este caso se me hace mas cuesta arriba hacerlo, ya que tengo que hablar de una MUJER en mayúsculas como lo fue MARIA GUERRA.
Una mujer que desde niñas solo supo trabajar y trabajar, y hacer por mantener viva una tradición como es la ALFARERIA.
Con la muerte de MARIA, se nos va parte de nuestro legado, gracias que ha dejado las muestras de su saber, de su encanto, de su trabajo en muchas casas de muchas partes del mundo, ya que las piezas deMARIA GUERRA, están repartidas en muchos hogares.
La pena que me da es que el municipio que le vio nacer como es laVILLA DE SANTA BRIGIDA, no haya sabido estar a la altura de las circunstancias y en vida, como se deben de hacer los homenajes, le haya hecho el que MARIA GUERRA se merecía, que era ni más ni menos que nombrarla HIJA PREDILECTA, y no hacerlo como esperemos que lo hagan a título póstumo.
Pero así se escribe la historia de una mujer que lo dio todo por su tierra, por su pueblo, que enseño a mucha gente a trabajar el barro.
http://canariasgrita.blogspot.com.es/2015/01/luto-en-la-alfareria-por-la-muerte-de.html
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sábado, 24 de enero de 2015

Homenaje a María Guerra la Quemá desde Drago de Sataute

Y yo me acuerdo de todas esas cosas, de Antoñita la rubia, de mi tía María, de mi prima María, de mi prima Carmen, de otros vecinos que vivían por allí, cholois Benítez, la otra de allá también era artesana, Dolorcita, después en la cueva de abajo vivía otra señora que también trabajaba, tol mundo, y tol mundo sabía. Con tres macetitas, si guisaban hoy estaban ya mañana juruniando pa ver si vendían; yo pasé muchos trabajos

Y Usted recuerda venir a los ingleses por el Puente de Las Goteras, parriba. Sí claro, después se quedaban en la cueva y entraban por aquí. La entrada de ellos era esta, por aquí, recto, hasta llatrás, hasta la madre de Pancho, hasta Antoñita, la otra de abajo, después otra vecina que vivía al lado era artesana, en la Picota ¿usted conoció a Soledad?, ¿la que tuvo la tienda?, esa es prima mia también, la abuela y la madre eran también artesanas,

Con lo cual usted lleva en la vena la vida artesana, sí sí, toa la familia mia era artesana, toas, toas, toas, fueran primas primeras, como segundas, terceras, como si no me tocaba sino esto.

http://dragodesataute.blogspot.com.es/2015/01/homenaje-maria-guerra-la-quema-desde.html
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sábado, 24 de enero de 2015


EN EL DÍA QUE MURIÓ MARÍA GUERRA, ALFARERA TALAYERA



Esta tarde del 23 de enero de 2015 murió MARÍA GUERRA. Recibí la noticia de su hija y mi gran amiga Marga. Poco antes Nicolás me había preparado, dándome la noticia de que se encontraba en Urgencias del Negrín. Poco después ya la noticia era conocida por todo el PUEBLO DE SATAUTE. Era la última alfarera de la Atalaya. Dejó su obra esparcida por muchos lugares de la Isla, Principalmente por Santa Brígida y Telde. María fue también MAESTRA DE ALFARERÍA. Rubén Auyanet  es uno de sus alumnos. Ahora mismo estamos disfrutando de sus obras que aprendió a elaborar de MARÍA GUERRA. Tengo un recuerdo muy cercano de nuestra querida ALFARERA: Fue en la última fiesta del Barro. En la Guisada que todos los años se celebra en el Horno Viejo. Este año María, cumplió a la perfección con su oficio. Acudio al Horno y, delante del fuego, NO GUISÓ BARRO, SINO QUE BAILÓ COMO UNA JOVEN DESINQUIETA. Fue admirable aquella tarde. Estuvo mucho tiempo bailando. Es este un gran recuerdo de quien hoy nos deja. Le tengo otro recuerdo, entre muchos. Cuando le dieron el NUBLO DE PLATA, en marzo de 2012. En aquella ocasión elaboré un escrito sobre nuestra protagonista que, con esta ocasión, reedito en mi Blog

http://joseluisalamo.blogspot.com.es/2015/01/en-el-dia-que-murio-maria-guerra.html
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UN PASADO CERCANO
Transcurría el mes de enero de 2007, cuando Mari Pino se acercó a las entrañas del pago alfarero de La Atalaya, “un lugar tan cercano… pero tan distante afectivamente, con un modo de vida que fui descubriendo”. Iba en busca de aquellas familias o miembros de familias que tuvieron que ver con la industrial artesanal de la isla en el s. XIX y hasta bien entrado el siglo XX. Sorprendida, se encontró que aún corría sangre alfarera. De aquel acercamiento, Mari Pino nos ofrece ahora una serie de entrevistas frutos de un trabajo de campo imprescindible en la conservación de nuestro acervo cultural.
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Transcurría el mes de enero de 2007, cuando con la ayuda de nuestro introductor y miembro de la Asociación de loceros y loceras (ALUD), Gustavo Rivero, tuve la oportunidad de acercarme a las entrañas del pago alfarero de La Atalaya, un lugar tan cercano en el espacio para mí como vecina de Santa Brígida, pero tan distante afectivamente, con un modo de vida que fui descubriendo, con el paso del tiempo y el contacto directo.

http://santabrigida-patronales.es/index.php?option=com_content&task=view&id=438&Itemid=2

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martes, 23 de diciembre de 2014

Tiendas de aceite y Vinagre en Sataute

Este año en la II Fiesta de las Tradiciones Sataute 2014, se destino un espacio,junto a la antigua Barbería,  a recrear  las antiguas tiendas de aceite y vinagre .
 Reproducimos el texto publicado en 1999 por el cronista oficial de la Villa Pedro Socorro

Tiendas con muchas historias
       En los barrios las tiendas de aceite y vinagre han sido como una prolongación del hogar, el único punto de reunión posible y el noticiero del lugar. Porque la diferencia principal entre estos negocios y los modernos supermercados es que en las tiendas se va a conversar, y a veces con tanta paciencia que se olvida uno hasta de comprar...






A comienzos del presente siglo existían siete tiendas en el casco antiguo, y en una de ellas propiedad del entonces alcalde en funciones Juan Jesús Rodríguez, situada en La Alcantarilla, se instaló la primera central telefónica del pueblo. Las tiendas que abrían los domingos para facilitar las compras de los vecinos que acudían a la misa mayor, eran los únicos lugares de encuentro dado que en el municipio, hasta la llegada de la Sociedad, no existían espacios de ocio. Las tiendas eran la base del comercio en manos de una burguesía local, aunque en los barrios existía un sistema de compraventa realizado por vendedores ambulantes, que a veces utilizaban bestias para el transporte de la mercancía. Las fiestas principales eran también propicias para instalar pequeños puestos para la venta de verduras, huevos y quesos en una forma típica de mercadería propia de un mundo rural alejado y disperso.
En aquellos establecimientos se vendían distintos objetos necesarios para la casa, como los rollos de soga, faroles o hilo carreto, y se exhibían el millo, las lentejas, las ristras de chorizo, sacos de granos y las cajas de dátiles, delicia de nuestras abuelas. Al llegar la noche las tiendas se convertían en tabernas o lugar de reunión de los hombres y jóvenes que no tenían otra alternativa ni otro lugar a donde ir.
Una parte importante de la apagada vida social se refugiaba en las tertulias. En éstas, 1a hora indicada para la llegada de los asiduos era pasada las cinco de la tarde, es decir, después de la siesta y con tiempo sobrado para que la reunión se despidiera antes de la cena para así ahorrarse la botella de petróleo y no tener que prender 1a mecha del quinqué. Estos negocios adquirieron en Santa Brígida su máximo esplendor a comienzos de los años cincuenta en un periodo que se corresponde con el final del racionamiento y el levantamiento del cerco internacional que representa para las islas un cierto desahogo económico. Con el transcurso del tiempo, y con la llegada de los primeros supermercados, las tiendas han ido cerrando para abrir otros negocios más prósperos, como la de Juan Sosa, ahora sucursal de un conocido banco; la del secretario del Juzgado, José A. Ramírez, junto a la iglesia, actual sede de una empresa de turismo, o el comercio de Juanito López, en cuya entrada existían varias argollas de hierro para amarrar las bestias mientras sus dueños realizaban la compra.
En la actualidad se contabilizan ocho de estas tiendas repartidas por la geografía municipal, aunque hay un par de ellas que casi se han convertido en supermercados. Todas ellas confieren un atractivo al pueblo y mantienen viva su memoria histórica, a pesar del esfuerzo de sus dueños por mantener las puertas abiertas de unas tiendas que, en la mayoría de los casos, no sólo son un recurso ante la falta de un paquete de sal para echarle al caldo de papas, sino, verdaderos museos. Las que más, las que menos, ostentan unos mostradores de madera antigua hechos a la medida y con cristales enmasillados, sus sillas tertulianas de rejillas, además de las cortinas, espejos y pesas que completan el escueto y severo mobiliario.

Las Tiendas de aceite y vinagre


 L os viejos comercios de víveres, con su peculiar olor de ultramar, continúan ocupando un lugar destacado en el pueblo para las compras y para pasar un buen rato conversando.
Los vientos de la civilización no han logrado acabar en Santa Brígida con el encanto de las tiendas de aceite y vinagre, esas instituciones rurales en las que los clientes pueden echarse un pizco con su respectivo enyesque mientras cumple el recado a su señora. A este irresistible atractivo hay que sumar el de la posibilidad de dejar un fiado por una docena de huevos que se precisan urgentes para satisfacer el capricho de una tortilla, justo cuando las papas están ya fritas y a punto de salir de la sartén.
Las viejas tiendas continúan ocupando un lugar destacado en el pueblo, a pesar de que sus propietarios son conscientes de que no basta con lanzar una desafiante mirada de optimismo al tiempo y a la modernidad. Hoy en día, sobrevivir a la competencia y a unos impuestos que no son proporcionales a su pequeña facturación es una ardua tarea con poca rentabilidad a la que diariamente tienen que hacer frente.
Algunos clientes de estas tiendas son vecinos que no han conocido otro lugar de abastecimiento o que se resisten a perderse entre los escaparates de los grandes almacenes y echar dentro del carro los géneros de un sinfín de marcas que dejaron a un lado los paquetes de mantequilla La Niña, las conserva de Conchita Guayaba en cajas de madera,  las galletas rosas de Cubanito o las de Tamarán, los polvos del Ajax Poderoso o las eficientes escobas con flecos de palma que tan bien hacía con sus manos Pepito Gutiérrez, vecino del Gamonal.

A otros, en cambio, no les queda más remedio que arañar las últimas pesetas para llevarse algo de fruta o un estropajo de verga con el que sacarle la tizne al dichoso caldero antes de hacer la gran compra en los hipermercados. “La gente prefiere los supermercados y compra lo que le falte hasta llegar a fin de mes”, señala Pino, que pesa un kilo de plátanos en su antigua balanza Ybarra de 20 kilogramos de fuerza que decora el mostrador de su tienda situada en la calle Los Lentiscos número 17, ante la atenta mirada de su padre don José Domínguez, de 79 años, tan longevo como la historia de la tienda.
En estos establecimientos aseguran que la situación está algo difícil. Atrás han quedado los tiempos en los que las “compras llenaban los coches”, precisa Teresa Sosa detrás del mostrador de su establecimiento situado en El Santísimo 19, en lo alto del barrio de Las Meleguinas. “Hoy se llevan lo puesto, aunque como decía mi madre, mano puesta ayuda es”, añade. La escasa clientela por la competencia de las grandes superficies y, sobre todo, los impuestos que se ven obligados a cotizar hacen imposible que continúen con sus tradicionales negocios, y algunos, como el establecimiento de Teresa ya tienen los días contados.
Dentro de unos años estos oficios de tenderos dirán adiós a varias décadas de historia cotidiana por la falta de relevo generacional, como lo hizo hace pocos años la tienda de Lorenzo López y su esposa Otilia, en el casco; la de Lorenzo Alonso, en el Barranco Alonso, o la de Paquito el inglés, en la Vuelta de Los Patos. O como lo ha hecho la de Carmelito, en el puente de Las Meleguinas, que hoy atiende su hija Dunia bajo el nombre de Víveres Las Meleguinas, un negocio que se ha visto obligado a realizar algunas reformas para habituarse a los nuevos tiempos.
No todas, sin embargo, han sucumbido a la modernidad. En la parte baja del casco, frente al moderno Centro de Salud, se encuentra la Tienda del Barro, antecedente de los supermercados en el núcleo principal y la única que sigue siendo comercio y bar de forma independiente. La Tienda del Barro, como así se le conoce, no es un establecimiento cualquiera, es el centro de reuniones, un rincón del pasado enclavado en el límite del casco urbano y presencia de edificios.
El local, antaño atendido por Juanito Ventura, está admirablemente situado. La acera se rompe allí en una ajetreada calle que, a pesar de su nombre tristemente histórico, 18 de Julio, está dominada por la alegría y la parsimonia, mucha parsimonia. Cualquier persona astuta daría una fortuna por él. Y probablemente a sus dueños se les han presentado algunas proposiciones tentadoras, relacionadas con el local, sin que les hayan prestado la menor atención. El estanque de barro donde jugaba el joven Luisito al fútbol ya no está, pero la tienda ha seguido allí, inamovible, atendiendo a su contada clientela, mientras en torno a ella prospera el pueblo y se construyen nuevos chalets y edificios de viviendas.
Allí hace su escala el viajero que tiene que recomponer el organismo, los cazadores que buscan unos cinchos para los cartuchos o para sus batallas, los asiduos del tanganazo del mediodía o las amas de casa que, como Conchita Rodríguez, se acercan al local para completar la receta del almuerzo o hacer la compra del mes.
Todos los sucesos del pueblo encuentran eco en esta veterana tienda de ultramarinos, en la que el alcalde, el guardia o el mismo campesino tienen voz y voto como en un espontáneo y natural pleno corporativo. Luisito Medina y su esposa Soledad han sido testigos de los cambios en los gustos alimentarios de los vecinos. Por ejemplo, antes se vendía mucho gofio recién molido en el Molino de los Cabrera, pero pasó de ser un alimento básico a convertirse en el gran ausente de la dieta de los vecinos, sobre todo de los más jóvenes que prefieren echarle a la leche el Cola Cao o el trigo inflado y azucarado que llaman Smacks de Kellogg’s.
Sus estanterías de madera hechas a medida presentan una visión multicolor de productos alimenticios de todo tipo, con los chorizos de Teror, las morcillas colgadas y la vieja balanza Dina con sus pesas de hierro sobre el mostrador. Quizá dentro de varios años serán imágenes para el recuerdo, pero de momento a Luisito Medina y Soledad este negocio les sirve como entretenimiento. “Estamos sacando para cubrir gastos. A él no le gusta salir y la tienda, el bar y echarle de comer a los perros es su vida”, asegura la esposa de Luisito, que le convence para que se deje nacer un retrato. “Venga que esto queda en la historia”, le dice, mientras Luisito accede no muy convencido de estas historias.
En los barrios las tiendas de aceite y vinagre han sido como una prolongación del hogar, el único punto de reunión posible y el noticiero del lugar. Porque la diferencia principal entre estos negocios y los modernos supermercados es que en las tiendas se va a conversar, y a veces con tanta paciencia que se olvida uno hasta de comprar. En las grandes superficies, no. A estos últimos se va exclusivamente a eso, y para que no haya pérdida de tiempo existe una rigurosa distribución de los turnos tanto para la carne como para la mortadela, una tarifa impresa y unas cajeras con trato de funcionario público.




En los pueblos siguen cumpliendo, una función social de comunicación. Y en algunas de ellas son las mejores barras para acomodar el codo, catar el queso en triángulos y mezclar el abocado. La tienda de comestibles que atiende desde hace más de cuarenta años Carlos Hernández Hernández y su esposa Dolores, en Pino Santo Alto, es, además, la disculpa del cartero o el guardia municipal para dejar las cartas a los alejados vecinos y apurar los botellines de bolsillo de La Tropical.
Allí se forman buenas conversadas en un apacible lugar en el que recalan sedientos a cumplir con un pizco de ron o de güisqui, dependiendo del gusto o la tolerancia, de cada particular gaznate. Y allí el cliente se echa un refrigerio con la oportunidad de comprar unas sandalias, un balde o unas cintas con el porompompero de Manolo Escobar, El Fary, Antonio Molina o los inolvidables boleros de Machín y recordar viejas hazañas con la primera novia en los bailes del pueblo.


Igual función de entretenimiento y guineo vecinal cumple el comercio por Josefina Rodríguez Santana, en donde se montan tertulias al golpito de un buen vino del Monte de Mario el de la Fuente Los Berros, bizcocho y un corte de queso semiduro de Monzón que trae de San Mateo a 1.900 pesetas el kilo para ir mojando la boca, si no quiere uno irse almorzado con un bocadillo de salchichón o mortadela con el pan de leña que diariamente amasa Peñate en su viejo horno de piedra y que despacha al instante su hija Loly, muy clara ella hablando, “la gente se emboba con las ofertas. Ven en los carteles un paquete de dos rollos de servilletas a 99 pesetas y los compra, sin tener en cuenta que la base de cartón es más gruesa y les dan menos papel que el paquete de cuatro rollos que cuesta 150 pesetas”, aclara Loly mientras su madre Josefina asiente con la cabeza.
En el barrio de La Atalaya existen otras dos tiendas que todavía abren las puertas a un público que ha ido en franca retirada. Junto a la iglesia, en la subida a una nueva urbanización, despacha con mucha alegría Paquita López Rodríguez, un negocio que inició hace cincuenta años su suegra Cándida Padilla y donde aún hoy los vecinos se acercan a repasar la mercancía de última hora o comprar un cacho calabaza para hacer un nutrido potaje de verduras. A pocos metros de allí, por debajo del consultorio médico, está el negocio de Herminia Rodríguez, que apunta las cuentas en una libreta de cuartillas. Nuestra ruta de las tiendas de aceite y vinagre termina en La Angostura, en la bajada al barranco, en donde ya sólo queda la tienda de María Sánchez Sánchez, que espera la llegada de la jubilación para despedirse de un negocio que por lo menos le ha permitido sacar, con trabajitos, a su familia adelante. “Si Dios quiere estamos aquí hasta el año que viene”, dice María con sabor a despedida.





Pedro Socorro
Cronista Oficial de la Villa de Santa Brígida

martes, 29 de julio de 2014

La Federación de Asociaciones Tasaute Santa Brígida inauguró sus nuevos locales en El Tejar.


 En el transcurso del acto, la Alcaldesa descubrió la placa con el nombre de la Biblioteca Canaria Juan Rodríguez Rodríguez (Vecino de El Tejar).

Desde el pasado viernes 25, la Federación de Asociaciones Tasaute Santa Brígida cuenta con nuevos locales cedidos por el Ayuntamiento en el barrio de El Tejar. Los locales, en régimen de uso compartido, que comprenden Salón de Actos, oficinas y Biblioteca. Estos locales señalaba Braulio Del Pino, Presidente de la Federación, los ponemos también al servicio de l@s vecin@s de El Tejar y Las Meleguinas y estamos dispuestos a prestar nuestra colaboración a cualquier grupo o entidad, que nos plantee realizar actividades o iniciativas en beneficio de la zona y de la ciudadanía que vive aquí.
En el acto de Inauguración estuvieron presentes, junto a la Alcaldesa Beatriz Santana Sosa, varios concejales del grupo de gobierno municipal, el concejal José Luis Álamo, de Nueva Canarias, Juan Armando Umpierrez (Coordinador de las Medianías del Cabildo de Gran Canaria), familiares y amigos de Juan Rodríguez Rodríguez, entre otros, la concejala Guadalupe Del Río de CXS excusó su ausencia.

Braulio Del Pino Sosa, Presidente de la Federación Tasaute, señalaba en el acto de Inauguración que “Hoy se abre una nueva etapa para la Federación Tasaute con la inauguración de nuestros locales sociales aquí en El Tejar, hemos tenido que esperar un año para disponer de ellos, a pesar de que se aprobó la concesión en Febrero de 2013, por eso es de agradecer que la nueva Alcaldesa haya desbloqueado la situación y se haga efectiva hoy la cesión por parte del Ayuntamiento, en uso compartido, de los locales sociales de El Tejar, que nos permitirá desarrollar mejor el trabajo administrativo y servicios a las asociaciones, abrir una modesta biblioteca para los estudiantes y personas que lo deseen y desarrollar y organizar en mejores condiciones actividades y eventos.
Braulio Del Pino planteó también la disposición de la Federación a colaborar con cualquier grupo, entidad o comisión de El Tejar y Las Meleguinas que nos plantee cualquier actividad o iniciativa en beneficio de la zona y de la ciudadanía que vive aquí y los locales y medios de los que disponemos, los ponemos al servicio de l@s vecin@s para las actividades que deseen realizar.
Por su parte, la Alcaldesa, Beatriz Santana Sosa manifestaba que “hoy debemos sentirnos orgullosos de que este local social y sus dependencias vuelvan a abrirse y en ellos se puedan realizar nuevamente actos y actividades de la mano de la Federación Tasaute a quien se le han cedido en régimen de uso compartido”. Beatriz Santana mostró su ofrecimiento a seguir colaborando estrechamente con las asociaciones del municipio porque realizan un trabajo altruista en beneficio de los vecinos de los barrios y del municipio y finalizó su intervención recordando a Juan Rodríguez como concejal en la primera legislatura democrática (1979) y los valores que encarnaba y que han llevado a que esta biblioteca que hoy inauguramos lleve su nombre.


BIBLIOTECA CANARIA JUAN RODRÍGUEZ RODRÍGUEZ
Nicolás Díaz Benítez, Presidente de la Asociación Sociocultural Aran Canarias presente en el acto de Inauguración, señaló que “el Espacio Cultural que hoy inauguramos, la Biblioteca Canaria Juan Rodríguez Rodríguez, está abierto a l@s vecin@s del barrio, fundamentalmente a los jóvenes estudiantes y contará con ordenadores y conexión a Internet y que en octubre estará totalmente dotada, con una importante colección de revistas y libros de temática canaria donados por varias instituciones y particulares y que además, se pondrá a disposición de los Colegios, Institutos y Centro de Enseñanza de Adultos.
Díaz, agradeció a la Junta Directiva de la Federación el haber acogido la propuesta de Biblioteca, realizada por Aran Canarias, de la que Juan Rodríguez fue Vicepresidente hasta su fallecimiento y destacó el quehacer Social, Solidario y Cultural de Juan Rodríguez Rodríguez.



La actuación de Los Faycanes Parranderos de Telde puso el broche final al acto de inauguración.
El sábado 26 se organizaron diversas actividades: Campeonato de Petanca, Partida del Campeonato de Envite El Carmen, actuación de la Parranda San Antonio del Club de Mayores y Almuerzo Vecinal.


La Federación de Asociaciones Tasaute Santa Brígida se creó en el año 2011.
Agrupa a nueve Asociaciones Vecinales y Socioculturales de la Villa de Santa Brígida.

Tres Excursiones Socioculturales, tres eventos del DÍA DEL VECINO Y DÍA DE CANARIAS, un DÍA DE LAS TRADICIONES, Cursos y Charlas, reuniones con concejales y Alcaldesa para resolver temas que afectaban a nuestros barrios o temas generales de las asociaciones( Subvenciones,Planes de Seguridad Fiestas y eventos Populares), tres torneos de Envite, Participación y Colaboración en la Fiesta del Barro, Carnaval Vecinal, Finaos, Memorial Pedro Lezcano, son algunas de las actividades y actuaciones que hemos realizado.